La formación que se da a las personas adultas que conviven con los niños y niñas (familiares) fomenta su aprendizaje mucho más que la formación que se da al profesorado (personas adultas que conviven en el aula con los niños y niñas). En las comunidades de aprendizaje se pone énfasis en la coordinación con las familias y su participación en todos los espacios del centro, incluida el aula. Por ello, la formación de familiares se convierte en una prioridad imprescindible para estos centros.
Abrir las posibilidades formativas del centro no sólo a las chicas y chicos sino también a las y los familiares. Por ejemplo, las aulas de Internet pueden usarse unas horas para el alumnado, otras para sus familiares y otras para la familia en conjunto (una alumna enseñando a su abuelo, etc.).
Con una de estas formaciones, gente que nunca había leído un libro acaba leyendo Kafka y Joyce. Esta experiencia se denomina tertulias literarias dialógicas y se enseña actualmente en una asignatura de Harvard. Personas que nunca habían leído un libro acaban disfrutando de las obras de la literatura clásica universal como Joyce, Cervantes, Lorca, Shakespeare, Woolf, Safo o Kafka. Miguel Siguán escribió hace un tiempo en La Vanguardia (2001): Y así se produce una sorprendente paradoja, que las tertulias de antiguos analfabetos, surgidas en medios populares con el propósito de promover el ascenso cultural de los no universitarios a través de la lectura de los clásicos, se constituyen en el mejor ejemplo de lo que los universitarios de nuestros días podrían hacer y no hacen . En ellas participan miembros de las familias no académicas (que no tienen una titulación) quienes se reúnen para compartir estas lecturas. De este modo, se rompe la brecha cultural que se da por supuesta, se genera un cambio de actitud frente a la lectura y frente al hecho de participar en el centro y dar una opinión y, finalmente, se da una profunda transformación en el entorno alfabetizador de sus hijos e hijas, sus domicilios y en la comunidad.